El taller funciona a través de cuatro formatos complementarios. Rotan según el momento del grupo y lo que la práctica vaya pidiendo.
Leer en serio. Discutir como adultos.
Los ciclos de lectura son el formato más exigente del taller. Cada ciclo gira en torno a una pregunta —por ejemplo, qué entiende cada enfoque por sufrimiento— y se aborda a través de textos primarios representativos de distintas tradiciones psicoterapéuticas.
No hay resúmenes. No hay manuales intermediarios. Leemos a Freud, a Skinner, a Watzlawick, a McWilliams. Y luego, en sesión, discutimos. La idea no es resumir ni opinar rápido, sino leer con cierta lentitud y tratar de entender qué propone cada autor antes de juzgarlo.
Casos complejos, pensados en compañía.
Las sesiones clínicas son espacios para traer lo que ocurre en consulta. No casos didácticos, no viñetas de manual: situaciones reales, complejas, donde la duda y el desacuerdo son la materia de trabajo.
El objetivo no es llegar a un diagnóstico cerrado ni a una técnica concreta. Es pensar el caso con varias cabezas, contrastar marcos, y reconocer las propias limitaciones. Lo que se aprende aquí no se aprende leyendo.
Mirar lo difícil con otros ojos.
La supervisión grupal toma situaciones especialmente complejas —dilemas éticos, casos atascados, momentos de duda profunda— y las trabaja en grupo desde una mirada deliberativa más que técnica.
Aquí no se trata de "qué técnica aplicar" sino de "qué está ocurriendo realmente entre este paciente, este terapeuta y este contexto institucional". El tipo de mirada que la residencia rara vez permite tener tiempo de practicar.
Otras voces, otras escuelas.
Cuando hace falta, el taller invita a profesionales externos que traen perspectivas distintas. Pueden ser figuras consolidadas, clínicos de otras escuelas, investigadores que están trabajando algo relevante para la práctica.
Sin hagiografía. La condición de entrada es la misma: se debate, se pregunta y se discrepa. El invitado entra a un grupo que va a leerle bien, no a aplaudir. Esto, paradójicamente, hace que muchos quieran volver.